Cibercrimen: cuando el crimen organizado ya no necesita estar frente a su víctima

El cibercrimen ya no constituye un fenómeno reservado para expertos en informática. Se ha convertido en una de las principales amenazas para la seguridad pública, la economía y la confianza digital. Las modalidades son cada vez más diversas.
Cibercrimen

Durante años imaginamos al delincuente como alguien que actuaba en una calle, un barrio o una ciudad. Hoy esa realidad ha cambiado. El crimen organizado también opera desde una pantalla, cruza fronteras en segundos y puede afectar a miles de personas sin disparar un arma ni abandonar un computador.

Hace apenas dos décadas, la mayor parte de los delitos requería la presencia física del delincuente. Robar, extorsionar, traficar drogas o cometer una estafa implicaba encontrarse con la víctima o desplazarse hasta el lugar donde se desarrollaría el delito.

Hoy esa realidad ha cambiado profundamente. La transformación digital que ha mejorado nuestras comunicaciones, el comercio electrónico, la banca en línea y los servicios públicos también ha abierto nuevas oportunidades para las organizaciones criminales.

El cibercrimen ya no constituye un fenómeno reservado para expertos en informática. Se ha convertido en una de las principales amenazas para la seguridad pública, la economía y la confianza digital. Las modalidades son cada vez más diversas. Fraudes electrónicos, robo de identidad, secuestro de información mediante ransomware, phishing, suplantación de identidad, estafas financieras, ataques a infraestructuras críticas y comercialización ilegal de datos personales forman parte de un mercado criminal que mueve miles de millones de dólares cada año. Pero el verdadero cambio no radica únicamente en la tecnología. Radica en la forma de operar.

A diferencia de la criminalidad tradicional, el cibercrimen elimina gran parte de las barreras geográficas. Un delincuente puede cometer un delito desde otro continente, ocultar su identidad mediante redes cifradas, utilizar criptomonedas para recibir pagos y afectar simultáneamente a víctimas ubicadas en distintos países.

La experiencia internacional demuestra que el crimen organizado ha comprendido rápidamente estas ventajas. Muchas organizaciones criminales ya combinan actividades tradicionales como el narcotráfico, el lavado de activos o la extorsión con delitos informáticos que les permiten obtener nuevos recursos económicos y ampliar significativamente su capacidad de acción.

La cooperación policial internacional también ha debido transformarse. Ningún país posee por sí solo toda la información necesaria para investigar un delito que puede involucrar servidores ubicados en distintos continentes, víctimas de múltiples nacionalidades y organizaciones capaces de mover información a velocidad digital.

Precisamente por ello, la colaboración entre policías, fiscalías, organismos especializados y entidades internacionales constituye hoy uno de los pilares fundamentales para enfrentar esta nueva criminalidad.

Chile tampoco está ajeno a esta realidad. Cada año aumentan las denuncias por fraudes electrónicos, ataques informáticos y delitos cometidos mediante plataformas digitales. Paralelamente, las organizaciones criminales incorporan nuevas herramientas tecnológicas, inteligencia artificial, sistemas automatizados y técnicas de ingeniería social para aumentar la eficacia de sus ataques.

La velocidad con que evoluciona la tecnología obliga también al Estado a evolucionar. La seguridad pública ya no depende únicamente del patrullaje preventivo o de la investigación criminal tradicional. Depende también de especialistas en análisis digital, informática forense, inteligencia de datos, cooperación internacional, protección de infraestructuras críticas y ciberseguridad.

Pero la primera línea de defensa continúa siendo la ciudadanía. Desconfiar de enlaces desconocidos, proteger la información personal, utilizar autenticación multifactor, actualizar permanentemente los dispositivos y denunciar oportunamente cualquier intento de fraude constituyen medidas sencillas que reducen significativamente el riesgo de convertirse en víctima.

El espacio digital se ha convertido en un nuevo territorio. Y como todo territorio, también puede ser disputado por organizaciones criminales. La diferencia es que sus fronteras ya no están delimitadas por calles o ciudades. Están definidas por redes, servidores y millones de dispositivos conectados entre sí. La experiencia demuestra que las organizaciones criminales siempre buscarán adaptarse a los cambios tecnológicos.

La gran pregunta es si las instituciones y la sociedad serán capaces de evolucionar con la misma rapidez. Porque el crimen organizado ya no necesita estar frente a su víctima para causar daño. Hoy basta un computador, una conexión a Internet y unos pocos segundos para que una organización criminal pueda cruzar continentes, vulnerar sistemas y afectar la vida de miles de personas. Ese es, probablemente, el mayor desafío que enfrentará la seguridad pública durante las próximas décadas.

Autor: Richard Biernay Arriagada Ingeniero Civil Industrial, Relacionador Público, Prefecto (R) PDI

Consultor Senior, Especialista en seguridad y gobernanza territorial