Extorsión: “La vacuna” que busca controlar a las personas antes que robarles

Los homicidios, los portonazos y los asaltos suelen concentrar la atención de la opinión pública. Sin embargo, existe un delito mucho menos visible que, cuando logra instalarse, puede transformarse en una de las principales fuentes de financiamiento y control del crimen organizado: la extorsión.
Extorsión

Mientras los delitos violentos ocupan los titulares, otro fenómeno avanza silenciosamente en América Latina y comienza a instalarse en Chile. La extorsión no solo busca obtener dinero: pretende controlar la voluntad de las personas mediante el miedo.

Los homicidios, los portonazos y los asaltos suelen concentrar la atención de la opinión pública. Sin embargo, existe un delito mucho menos visible que, cuando logra instalarse, puede transformarse en una de las principales fuentes de financiamiento y control del crimen organizado: la extorsión.

En varios países de América Latina esta práctica es conocida como “la vacuna”. Se trata del pago ilegal que organizaciones criminales exigen a comerciantes, transportistas, emprendedores e incluso familias para permitirles trabajar, mantener abierto un negocio o simplemente vivir sin sufrir represalias. Quien paga cree comprar tranquilidad; en realidad, financia y fortalece a quienes lo amenazan.

A diferencia de otros delitos patrimoniales, la extorsión no persigue únicamente un beneficio económico. Su verdadero objetivo es dominar la voluntad de la víctima mediante el miedo. Cuando una organización criminal consigue que una persona pague por temor, ha obtenido mucho más que dinero: ha comenzado a ejercer poder sobre su vida cotidiana.

Mucho más que un delito

La extorsión suele aparecer cuando una organización criminal ya ha alcanzado cierto nivel de desarrollo. Es una señal de que el grupo posee capacidad de intimidación, recursos y, en algunos casos, control sobre un territorio o una actividad económica.

Las modalidades también han evolucionado. Hoy las amenazas pueden llegar mediante llamadas telefónicas, mensajes de WhatsApp, redes sociales o correos electrónicos. A ello se suman prácticas como el denominado “cobro por protección”, los préstamos informales conocidos como “gota a gota” y las exigencias de pagos periódicos para permitir el funcionamiento de pequeños comercios.

La violencia física muchas veces ni siquiera es necesaria. Basta con que la víctima crea que la amenaza es real. Ese es el verdadero poder de la extorsión: instalar el miedo como mecanismo permanente de control.

La experiencia de países como México, Colombia y Perú demuestra que este delito rara vez aparece de manera aislada. Habitualmente se relaciona con otras actividades del crimen organizado, como el tráfico de drogas, el lavado de activos, la trata de personas, el comercio ilegal y el control territorial.

Chile aún presenta una realidad distinta, pero diversas investigaciones policiales y judiciales han evidenciado que estas prácticas ya comienzan a formar parte del repertorio de algunas organizaciones criminales que operan en el país. Esa experiencia comparada constituye una oportunidad para actuar antes de que el fenómeno alcance niveles mucho más complejos.

La experiencia internacional también entrega una advertencia. Desde la cooperación policial entre países se ha observado que las organizaciones criminales transnacionales suelen replicar los mismos modelos delictivos allí donde encuentran oportunidades para expandirse. La extorsión, conocida en muchos lugares como “la vacuna”, forma parte de ese repertorio. Precisamente por ello, comprender cómo evolucionó este fenómeno en otras naciones permite anticipar riesgos, fortalecer las capacidades de prevención y evitar que Chile recorra el mismo camino que otros países enfrentaron años atrás.

Una última reflexión

Uno de los mayores desafíos frente a la extorsión es que muchas víctimas optan por guardar silencio. El temor a las represalias, la desconfianza o la falsa expectativa de que el pago resolverá el problema terminan favoreciendo precisamente a quienes utilizan el miedo como herramienta de dominación.

La experiencia internacional demuestra que quien paga una vez rara vez deja de ser víctima. En cambio, suele transformarse en un objetivo permanente para las organizaciones criminales.

Por ello, el autocuidado y la denuncia oportuna siguen siendo las principales herramientas de prevención. Desconfiar de amenazas telefónicas o digitales, proteger la información personal, evitar actuar bajo presión y comunicar cualquier intento de extorsión a las autoridades permite no solo proteger a la víctima, sino también impedir que estas redes continúen expandiéndose.

La extorsión no comienza cuando alguien entrega dinero. Comienza cuando una organización criminal logra convencer a una persona de que está sola y que nadie podrá protegerla.

Romper ese círculo depende tanto de instituciones eficaces como de una ciudadanía informada y dispuesta a denunciar. Porque cuando el miedo reemplaza a la confianza en el Estado, el crimen organizado ya ha conseguido una de sus mayores victorias.

Y la historia demuestra una lección que Chile no debería ignorar: las organizaciones criminales evolucionan, aprenden y replican modelos que ya han resultado exitosos en otros países. Anticiparse a esas amenazas, comprender su lógica y actuar antes de que se consoliden constituye hoy una de las mayores fortalezas de una política moderna de seguridad. En esa tarea, la denuncia ciudadana, el autocuidado y una acción decidida de las instituciones siguen siendo la mejor respuesta frente a quienes pretenden convertir el miedo en un negocio.

Autor: Richard Biernay Arriagada Ingeniero Civil Industrial, Relacionador Público, Prefecto (R) PDI

Consultor Senior, Especialista en seguridad y gobernanza territorial

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