Una profunda conmoción ha generado en la opinión pública el fallecimiento de un niño de 12 años, víctima de una violenta encerrona ocurrida en la comuna de San Bernardo. El hecho, que ha provocado indignación y renovado el debate sobre la seguridad ciudadana en Chile, dejó en evidencia una vez más el alto nivel de violencia que han alcanzado algunos delitos contra las personas.
Según los antecedentes preliminares conocidos, el menor habría resultado gravemente herido durante el desarrollo del asalto, siendo arrastrado por varios metros durante la huida de los delincuentes. A pesar de los esfuerzos desplegados por los equipos de emergencia y del personal médico que intentó salvar su vida, el niño falleció producto de la gravedad de sus lesiones.
Un crimen que golpea a toda la sociedad
La muerte del menor ha generado una ola de reacciones entre autoridades, organizaciones sociales y ciudadanos, quienes han expresado su pesar y solidaridad con la familia afectada. El caso adquiere una especial gravedad debido a la corta edad de la víctima y a las circunstancias particularmente violentas en las que se produjo el delito.
Especialistas en seguridad señalan que este tipo de hechos refleja una preocupante evolución de los delitos violentos en el país, donde los autores de robos de vehículos muestran cada vez menor consideración por la integridad física de las víctimas durante su ejecución y escape. Lo que sí resulta evidente es que muchas bandas criminales han detectado una vulnerabilidad en el sistema y utilizan cada vez con mayor frecuencia a niños y adolescentes para cometer delitos violentos, precisamente porque enfrentan consecuencias judiciales menores que los adultos. Esta realidad ha sido advertida por fiscales, policías y especialistas en seguridad durante los últimos años.
El debate que enfrenta Chile no es simplemente si bajar o no la edad de imputabilidad. La pregunta de fondo es si el actual marco legal responde adecuadamente a una realidad criminal que ha cambiado radicalmente. Hoy existen menores involucrados en portonazos, encerronas, tráfico de drogas, homicidios y delitos cometidos con armas de fuego, situaciones muy distintas a las que dieron origen a muchas de las normativas vigentes.
Quienes promueven una reducción de la edad de responsabilidad penal sostienen que la gravedad de ciertos delitos exige una respuesta más firme del Estado y que la sociedad tiene derecho a protegerse frente a conductas extremadamente violentas, independientemente de la edad del autor.
Por otro lado, quienes se oponen advierten que la evidencia internacional no demuestra que reducir la edad de imputabilidad disminuya la delincuencia y plantean que el foco debe estar en la prevención, la intervención temprana y la persecución de los adultos que reclutan menores para actividades criminales.
Lo que parece cada vez más difícil de sostener es la idea de que la delincuencia juvenil actual puede abordarse únicamente desde una perspectiva asistencial. Los recientes hechos de violencia muestran que Chile necesita revisar sus políticas de seguridad, protección de la infancia y responsabilidad penal para asegurar que los derechos de los menores convivan con el derecho de la ciudadanía a vivir segura.
Un llamado a la reflexión
Más allá de las cifras y los análisis, la tragedia ocurrida en San Bernardo recuerda el enorme costo humano que puede tener la delincuencia. La pérdida de una vida tan joven constituye una herida profunda para su familia, sus amigos y toda la comunidad.
Mientras la investigación busca esclarecer completamente las circunstancias del hecho e identificar a los responsables, el país observa con preocupación cómo episodios de extrema violencia continúan cobrando víctimas inocentes. La muerte de este niño de 12 años no solo representa una tragedia familiar, sino también un doloroso recordatorio de los desafíos que enfrenta Chile en materia de seguridad pública y protección de la ciudadanía.









