Ministerio de seguridad, un traspaso sin “marcha blanca”

A la mesa se sentaron no solo las dos figuras centrales del relevo, sino también los equipos que sostienen la arquitectura diaria del ministerio: los subsecretarios en ejercicio Rafael Collado (Seguridad Pública) y Carolina Leitao (Prevención del Delito), junto a quienes asumirán esos mismos roles en el gobierno entrante, Andrés Jouannet y Ana Victoria Quintana.
Ministerio de seguridad

A las 11:00 de la mañana de este lunes 16 de febrero, María Trinidad Steinert cruzó el umbral del edificio de Teatinos 220 con un objetivo tan simple como pesado: empezar a “recibir” un ministerio que todavía huele a nuevo, pero que ya se ha visto obligado a operar como si llevara años en régimen. La esperaba Luis Cordero, ministro saliente de Seguridad Pública, con la carpeta de la instalación institucional bajo el brazo y la urgencia de quien sabe que en seguridad no existe el beneficio de la duda.

Desde el inicio, el tono fue más técnico que ceremonial. A la mesa se sentaron no solo las dos figuras centrales del relevo, sino también los equipos que sostienen la arquitectura diaria del ministerio: los subsecretarios en ejercicio Rafael Collado (Seguridad Pública) y Carolina Leitao (Prevención del Delito), junto a quienes asumirán esos mismos roles en el gobierno entrante, Andrés Jouannet y Ana Victoria Quintana. En la práctica, no fue una reunión “de dos”, sino un traspaso coral: políticas, presupuestos, programas, y el detalle fino de lo que ya está corriendo y lo que aún está a medio camino.

La mañana avanzó con un orden casi de pauta: primero expuso Cordero, luego Collado y más tarde Leitao, en bloques breves —según la programación, de 20 a 25 minutos— que buscaban condensar lo imposible: un año de instalación intensa en pocas láminas. Cerca de las 14:00, el primer tramo se cerró con la sensación de que el ministerio no se entrega como una llave, sino como un tablero con piezas ya moviéndose.

Tras un receso pasadas las 15:00 llegó el general director de Carabineros, Marcelo Araya. Su intervención, enfocada en la relación funcional con el ministerio y el estado de la institución, marcó el giro: de la orgánica al terreno, de la institucionalidad al despliegue. En palabras recogidas tras la jornada, la exposición de Carabineros se concentró en “el estado” y las “proyecciones” de la policía uniformada.

Cerca de las 17:00 se sumó el director general de la PDI, Eduardo Cerna, acompañado por su equipo de inteligencia y crimen organizado. Y hacia el final, la última pieza del rompecabezas contemporáneo: la presentación de la Agencia Nacional de Ciberseguridad (ANCI), con énfasis en desafíos en curso y coordinación interinstitucional. La escena resumía lo que el ministerio busca ser: un sistema que integre policías, prevención y capacidades de respuesta en un mismo circuito.

En paralelo al “estado del arte” institucional, el traspaso tuvo una dimensión política inevitable: los proyectos de ley pendientes. Entre los temas que, según trascendió, interesaron especialmente a la futura administración estuvieron las reglas de uso de la fuerza, la protección de infraestructura crítica y el Sistema Nacional de Protección Ciudadana. No como eslóganes, sino como expedientes con etapas, indicaciones posibles y tiempos legislativos que no esperan el cambio de mando.

La reunión terminó cerca de las 19:20, después de más de ocho horas. Afuera, el gesto fue sobrio: un punto de prensa y frases medidas. Steinert habló de una instancia “muy productiva” y subrayó el respeto con que se desarrolló el encuentro, proyectando continuidad en el trato institucional pese a diferencias de diagnóstico. Cordero, por su parte, insistió en una idea que atravesó toda la jornada: la seguridad como política de Estado y la necesidad de continuidad en un ministerio que —como él mismo enfatizó— nació sin “marcha blanca” y debió consolidarse desde el primer día.

A veces, los relevos se cuentan por las fotos. Este se contó por el reloj: ocho horas para traspasar un ministerio joven en un país impaciente. Y, sobre todo, por un mensaje implícito que quedó flotando en Teatinos 220: en seguridad, el cambio de mando no puede significar partir de cero, porque el día siguiente siempre empieza igual – con la calle andando.

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