Ley de Seguridad Municipal: cuando el municipio dejó de ser espectador

La ley de Seguridad Municipal, reconoce el rol preventivo de los municipios y regula la figura del inspector de seguridad municipal como actor complementario de Carabineros.
Seguridad municipal

La mañana del martes 9 de diciembre de 2025, en Valparaíso, el Congreso parecía ir por delante de la urgencia. La sesión se cayó por falta de quórum y el proyecto quedó, por horas, como tantas conversaciones sobre seguridad: importante, transversal… y postergable. Pero algo cambió ese mismo día. Hubo una segunda convocatoria, una sesión especial, y al final de la tarde la iniciativa se aprobó y quedó despachada: el país había empujado una puerta que llevaba años trabada.

El Congreso despachó la llamada Ley de Seguridad Municipal, que reconoce el rol preventivo de los municipios y regula la figura del inspector de seguridad municipal como actor complementario de Carabineros.

La promesa del Ejecutivo es clara: ordenar un terreno que ya existía, pero con bordes difusos. La ley, según el Ministerio de Seguridad Pública, busca profesionalizar el trabajo en terreno, fijar funciones y habilitar —con reglas— herramientas que hoy muchas comunas usan “a pulso”, con protocolos dispares y recursos desiguales.

Qué cambia: de “seguridad comunal” a “institucionalidad”

El corazón del texto está en dos capas. La primera: facultades autónomas municipales. El ministerio enumera un menú amplio que incluye vínculo territorial con la comunidad, patrullaje preventivo, labores inspectivas y de fiscalización y apoyo a víctimas en delitos flagrantes, además de televigilancia y colaboración en rescate animal.

La segunda capa es la coordinación: tareas que los municipios deberán realizar junto a Carabineros, como patrullajes mixtos y colaboración en medidas de protección en violencia intrafamiliar (VIF), control de medidas cautelares en contextos VIF, y controles de alcohol y drogas en la vía pública, entre otras acciones.

En paralelo, el Senado remarca otro punto que suele aparecer cuando un delito “salta” de una comuna a otra: el proyecto contempla que los patrullajes puedan tener carácter intercomunal y que inspectores traspasen límites territoriales en operativos conjuntos o persecuciones por delito flagrante, con aviso inmediato a Carabineros para que asuma el procedimiento.

La “letra chica” que se verá en la calle: equipo, fuerza y límites

El debate público se ha concentrado en un detalle que no es menor para quienes trabajan de noche: los elementos de protección. El ministerio sostiene que la ley ordena entregar implementos que se definirán por reglamento y que podrían incluir chalecos, cascos, bastones, esposas, gas pimienta y dispositivos de pulsación eléctrica, excluyendo explícitamente las armas de fuego.

El proyecto fija obligaciones y prohibiciones para los inspectores, señalando que deben respetar derechos fundamentales y que no pueden ejercer atribuciones propias de policías; además, regula el uso de la fuerza bajo estándares restrictivos (solo cuando sea estrictamente necesario).

Esa combinación —más herramientas, pero más reglas— busca responder a una tensión que se repite en municipios grandes y chicos: la ciudadanía pide presencia, pero el Estado debe evitar que la seguridad municipal se convierta en una “policía paralela”.

Dinero y brecha territorial: el mapa que parte desigual

En seguridad municipal, el código postal importa. Por eso, el Ejecutivo puso números sobre la mesa: $5.100 millones de financiamiento complementario para municipios sin recursos para adquirir elementos de protección, y $208 millones para plataformas tecnológicas e interconexión de registros, además de transferencias con criterios territoriales y el impulso del Royalty Minero al Fondo Común Municipal para fortalecer capacidades locales.

Traducido a la calle: comunas con músculo presupuestario ya tienen flotas, cámaras y turnos; otras apenas sostienen un par de vehículos y radios. La ley intenta que esa diferencia no signifique —literalmente— más riesgo para quienes patrullan.

El ruido político: cuando la ley se cruza con la desconfianza

En medio de la tramitación, el tema se contaminó con otra discusión: la integridad de las autoridades locales. La Tercera informó que en el Senado se aprobó incorporar una indicación para exigir test de drogas periódicos a alcaldes, con consecuencias si el resultado positivo no está justificado por tratamiento médico.

Más allá de si esa línea queda o no en la versión final (y de cómo se implementaría), el episodio retrata el clima que rodea a cualquier norma de seguridad: no solo se discuten atribuciones, sino también confianza, controles y responsabilidades políticas.

Lo que queda por delante

Aunque el proyecto fue despachado y el gobierno lo presenta como un paso decisivo, la operación real dependerá de dos cosas:

  1. Reglamentos que definan en detalle estándares de equipamiento, procedimientos y coordinación (especialmente en el uso de elementos de protección).
  2. Capacitación y control para que el inspector municipal sea, como dice el Senado, un coadyuvante y no un sustituto de la policía.

Por ahora, el patrullaje sigue. La diferencia es que el país empieza a escribir —con rango de ley— qué puede, qué no puede y qué debe hacer ese vehículo municipal que pasa lento por tu cuadra cuando ya es tarde, y la ciudad se queda escuchando el sonido más pequeño: una radio, un paso, una sirena a lo lejos.